¿Cómo invierto tiempo en lo eterno?

Hace unos días estaba hablando con una mujer que no veía desde hace muchos años, y entre charla y charla, al preguntarle con toda normalidad sobre sus hijos me asombré al notar que tardaba en responderme, y sentí cómo su voz se quebraba y sus ojos se ponían brillosos. Por un momento sentí con temor, ¡que no tendría que haberle hecho esa pregunta! Ella estaba bastante incómoda y cargada.  

Durante la siguiente media hora ella pudo desahogarse al contarme la situación de cada uno de sus tres hijos, actualmente muy exitosos en sus carreras seculares, pero lamentablemente apartados del Señor, con matrimonios disueltos. Estaban muchas horas de trabajo fuera de casa y, por lo tanto, los nietos de esta querida mujer lidiando con una profunda amargura, viviendo en compañía día y noche del último modelo del mejor celular, pero con mucha tristeza en el corazón y poco interés por todo. 

Me contaba con dolor que sus hijos no supieron invertir en lo verdaderamente importante de la vida, y se dedicaron a conseguir lo material, a un alto, muy alto costo. Uno de los nietos adolescentes le dijo: “papá prefirió hacer plata que a nosotros”. Y esto impactó mucho mi corazón. 

Sin ánimo de juzgar las decisiones que cada creyente toma, porque cada uno de nosotros rendiremos cuenta ante el tribunal de Cristo, pensaba en los grandes desaciertos que podemos llegar a cometer si no tenemos bien en claro cuáles son las cosas en las que vale la pena invertir cada día de la vida. 

 

Vivimos en un mundo material. Necesitamos de lo material para vivir, pero también pertenecemos a una Patria Celestial y somos llamadas a invertir la vida en lo eterno.  

 

¿Cómo invierto tiempo en lo eterno?

 

El apóstol Pablo en Colosenses 1:28-29 y 2 Timoteo 2:15 nos enfoca a considerar dos inversiones eternas. El primer pasaje habla acerca de invertir en las personas, ministrando a sus vidas para la eternidad, dice así: «a quien anunciamos» (refiriéndose a Cristo), «amonestando a todo hombre y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre, para lo cual también trabajo, luchando según la potencia de él, la cual actúa poderosamente en mi». En el segundo pasaje nos anima a invertir en la eterna Palabra de Dios y a su apropiado uso, dice así: «Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad.»

 

Un pensamiento para considerar

 

El Señor Jesús enseñó en Mateo 6, en el Sermón del Monte, acerca de las inversiones. Él dijo en el v.19 que no conviene hacerse riquezas en la tierra, no son seguras, ya que los tesoros terrenales son temporales, se van arruinando a causa de las polillas, el orín (el óxido) y los ladrones. De hecho, si somos sinceras, en ese tipo de inversiones no encontramos satisfacción. No tiene nada de malo el tener posesiones, o aspirar a tener una casa o un auto. El problema está en el valor que le damos a esas cosas, y cuánto esas cosas nos poseen a nosotras. El apóstol Pablo advirtió en 1 Timoteo 6:10 que la raíz de todos los males es el amor al dinero. Hago énfasis en la palabra amor porque ahí justamente está el problema. Pero en el v.20, el Señor marca un contraste y dice que el mejor lugar para invertir es en los cielos, allí las inversiones no corren riesgo, son absolutamente seguras.

Vale la pena invertir en las personas, ¡las cuales son eternas!

Todo lo que hay en este mundo va a desaparecer (1 Juan. 2:17), el auto, la casa, la ropa, el trabajo, los planes, las vacaciones, los ahorros, los libros, todo. El Señor puso eternidad en las personas (Eclesiastés 3:11), por eso, vale la pena invertir en ellas. ¿Cómo? Dando tu tiempo para servir a otros, estando (principalmente con los de tu casa) compartiendo la Palabra, supliendo las necesidades de alguien, aconsejando, escuchando, dando una ofrenda de manera anónima a alguien que, al recibirla, luego alabará a Dios por eso, animando, ayudando a la persona a que se enfoque correctamente ante las distintas dificultades de la vida, y alentarlo a no bajar su mirada del Señor. Eso es invertir en personas. No hay nada más motivador que escuchar el testimonio de una vida transformada, de personas que experimentan el amor de Dios y lo comparten.

Invertir en las personas es también ser flexible cuando ya se tenía un plan armado, pero de repente aparece una persona con necesidad de ayuda, o de ser escuchada, y Dios me da la oportunidad de servirle de alguna manera, poniendo su necesidad por sobre la mía, y experimentando la verdad de que es más bienaventurado dar que recibir.

Invertir en las personas hace que deje a un lado el egoísmo, sin esperar nada a cambio, sino solamente la fiel aprobación del Señor, quien ve todas las cosas.

Y toda esa inversión tiene trascendencia eterna.

También vale la pena invertir en la Palabra, ¡la cual es eterna!

De la misma forma debemos tomar tiempo con la Palabra que permanece (Mateo 24:35). Debemos amarla (Salmo 119:98), oírla (Romanos 10:17), leerla (Apocalipsis 1:3), estudiarla (Hechos 17:11), meditarla (Josué 1:8) y memorizarla (Salmo 119:11). Podemos comprar folletos y repartirlos en la calle mientras caminamos, o en los peajes, o por donde quiera que vayamos. Otra forma es comprar Biblias para donar, o para que la gente que visita la Iglesia pueda llevarse un ejemplar de las Escrituras.

 

Un principio para recordar:

 

Mateo 6:21 dice: “Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.”

¿Dónde está tu corazón? ¿Hacia dónde se dirigen tus inversiones? Cuidado, tal vez tu corazón, que es engañoso (Jeremías 17:9) te hace creer que tus prioridades están bien, pero, sin darte cuenta, estás perdiendo de vista lo más valioso.

¿Cómo puedo saber si las cosas me poseen? Puedes hacerte algunas preguntas: ¿considero eso que tanto quiero como una fuente de felicidad o de satisfacción? ¿No podes imaginar tu vida sin esa cosa? ¿Te pone mal o te enoja la idea de perder eso? ¿Piensas en eso todo el tiempo? ¿Te molesta que otros lo tengan? ¿Prefieres gastar tiempo con ese objeto que con tu familia o amigos?

 

Una prioridad para seguir:

 

Mateo 6:33 a “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia…”

Nunca vamos a poder tener nuestras inversiones bien enfocadas si primero no establecemos las prioridades. Dios tiene que ser el número uno en nuestra vida, mi comunión con Él, mi tiempo de oración, mi adoración personal, mi deseo de conocerlo más y de saber qué quiere Él de mí.

 

Una promesa para creer:

 

“…y todas estas cosas os serán añadidas.” Mateo 6:33b.

Sí querida hermana en Cristo, Él ha prometido suplir nuestras necesidades (Filipenses 4:19), Él es fiel y nos da lo necesario (1 Timoteo 6:8). No te preocupes (de hecho, el Señor hace énfasis más de 6 veces en el pasaje de Mateo 6 acerca de no afanarse), invierte en lo que trasciende, lo que perdura. Invierte en lo eterno, y Él se encarga del resto.

 

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